Cuando veo y escucho a otras personas contarme sus penas, las escucho y bueno, me resulta inevitable hacer un ligero y breve analisis de sus penas, mis penas y ciertas penas ajenas.
La mayoría de la gente nunca estamos conforme con lo que somos, el cómo estamos o lo que poseemos. Algunas personas nos ahogamos en un vaso de agua con cosas tan insignificantes y sobre todo que tienen solución.
Posiblemente en nuestro afán de sentirnos apreciados, atendidos y bueno, de llamar la atención, hacemos nuestras penas gigantescas. Pero, si nos detenemos un momento a analizar lo que somos, cómo somos, lo que tenemos, podríamos apreciar que independendientemente de todo estamos bien y humildemente deberíamos de agradecer y disfrutar.
Muchas veces, no estamos agusto con nuestro cabello, que si es corto o largo. Lacio o chino. Castaño, rubio, negro…, o bien, si estamos llenitas, gorditas, delgadas… y lo que a toda la gente le aqueja, lo material, el dinero, si tenemos o no tenemos, en fin…
Hay personas que padecen alguna enfermedad y luchan por continuar en este camino de la vida, de disfrutar de los días soleados, del ocaso del atardecer o bien de una noche serena con un cielo iluminado de muchas estrellas. Esas personas con tal de disfrutar de la compañía de sus seres queridos, se aferran a la vida como buenos guerreros que entregan todo en el campo de batalla con la finalidad de salir victoriosos. En esa guerra no se detienen a ver las fallas, ni ponen tanta atención a las heridas, simplemente buscan ganar la batalla, y para ello se somenten a toda clase de tratamientos los cuales dejan secuelas de las heridas de la batalla: aumentan o pierden peso, pierden cabello, se marchita la piel... la guerra no es nada fácil, pero las ganas de vivir son mas fuertes que el ponerse a pensar en el glamour. No importa perder cabello, no importa aumentar o peder peso, no importa que la piel se llene de manchas o de cicatrices, esas, son las heridas que deja la batalla.
Evitemos obsesionarnos con el aspecto fisico y tratemos de encontrar un punto de equilibrio entre lo tangible y espiritual. Demos gracias siempre por lo que somos y tenemos. Disfrutemos de cada dia. Sonriamos en todo momento y cuando sientan que se comienzan a ahogar en un pequeño vaso de agua, piensen en todos aquellos guerreros de vida.
Y, cuando por el camino de la vida se encuentren a cualquier guerrero, no olviden regalarle una sonrisa y expresar siempre admiración, porque creanme, son dignos de admiración.
Asi que, tus penas y mis penas, no son nada a comparación de las penas ajenas.
La gratitud y el reconocimiento
Hace 2 días
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